Cuenta atrás...

La buena suerte llama a mi puerta. Al abrir resulta ser un repartidor de telepizza.
¿Decepción?
El precio de la independencia es muy alto. He pactado con el diablo por 10 meses.
¿Orgullo?
Una llamada. La llamada. No es el chamán. Es el fin de una larga espera.
¿Miedo?
Comienza el juego de los Increíbles, y afortunadamente tenemos invitación. Una semana para desenmascarar al amigo invisible con el que mantuvimos correspondencia durante meses.
Un nuevo participante entra en escena, ofreciéndonos una bonita comida en la capital.
Indecisión. El doble juego no entraba en los planes. Pero el correo no trae a tiempo las noticias esperadas, y el teléfono es tan rápido...
La cuántica acosa mi mente, mientras las pizzas se comen mi cuerpo. Irónico.
Lejana parece ya la pequeña escapada a casa. Las energías recuperadas han desaparecido casi tan rápido como mi esperanza de comprender la química física.
Quizá un "no apto" abofetee mi conciencia y me devuelva a la vida real. Donde la buena suerte no existe. Donde no hay tiempo para los sueños. Donde soy estudiante trabajadora, con días de 24 horas. Y donde el silencio es la mejor alternativa.

