"Bienvenidos a este circo de lo absurdo"

Jugando a ser princesa, el castillo se convierte en pesadilla.
Ansiedad, lágrimas, búsqueda.
Desesperación.
Vuelta al absurdo. Resbalo con la tostada que inevitablemente cayó por el lado de la mantequilla.
Un viejo punto de apoyo evita la caída.
Espero impaciente la siguiente jugada.
Y no tarda en llegar.
Temblorosa, mezcla de frío y miedo, trato de dejar la mente en blanco.
Estremecimientos tras cada respiración. Como una niña aterrorizada lanzo silenciosos gritos de auxilio.
Suena el teléfono como única respuesta.
Palabras alentadoras, un atisbo de calor en la fría noche de la sierra.
A pesar de la distancia, esa voz, tan familiar en los últimos días, consigue tranquilizarme levemente.
Las aguas vuelven a su cauce, y las caras miran a otro lado.
Indignación, furia, resignación.
Y de pronto… Nada.
Vacío.
Ya no hay lágrimas.
Ya no hay dolor.
Ni siquiera rabia.
Sólo un agujero negro.
Tan incapaz de llorar como de reír.
Mejor así.

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