
Sueños, promesas y muchas horas de Internet.
Ilusión, compromiso, un país por conocer.
Precioso día para comenzar un viaje, nunca visto en más de 20 años.
6 amigos, 12 manos, 2 peluches y un par de acompañantes fantasma.
Coche, tren, avión, metro, barco, taxi...
Las compañías de bajo coste se ganan el respeto de la élite.
Kiko y las kikas, Nino y los galácticos del mambo, una ronda de agua cortesía de Jara y un cubo que quiso jugar a ser Pancho.
Flashes, oídos taponados, risas y Toblerone.
Y llegamos a la tierra de Laura Pausini, de los transportes gratuitos y la libertad ferroviaria.
Pese a la falta de listas que supone mi signo, todo sale según lo previsto.
2 llaves, 5 camas, 1 balcón y un par de servicios colectivos.
Para tener una sola estrella, Adelchi superaba con creces las expectativas...
Hacendado se encarga de saciar el hambre de 8 horas de viaje. Un mensaje en la bandeja de salida, algo de paté mal untado en una rebanada y un obturador parpadeante.
Gessate sustituye a Abiategrasso, error que llevó a la escisión del grupo.
2 futuros masones saltando vagones, secreción de adrenalina. Y risas. Siempre risas.
Impactante catedral, curiosa tradición y una estafa que termina con la perfección.
Un nuevo día optimizado en cuestión de sueño nos sube a un tren rumbo a Firenze, la cuna del arte.
Compartimento para 6 en primera clase, una visita entre sueños de un tal Bú, y una tonelada de magdalenas.
El inexistente anillo de canteros debe surgir efecto en Florencia. ¿O es cuestión de suerte?
Inigualable belleza, sorprendente majestuosidad.
Criticando incluso a los genios, descubrimos que un individuo perfecto debe tener un par de...
manos grandes. xD!
Babas de caballo, medias apostadas a doble o nada, bordes carabinieri y la llegada de los JotaEme a Asia.
Helados de coco, frutas, pistacho, stracciatella, natillas...O hay quien lo prefiere de vainilla y chocolate.
Chachi, tio.
Más agua gratis, y nuevos conocidos. Alumna caradura, profesor aprovechado, madre protectora.
Y el descubrimiento de una trastienda increíble con bebida gratis para todos.
Suerte. Demasiada suerte.
Una hipnosis, un error, una sudadera roja. Resident evil en plena Florencia, aventura por valor de 10 euros.
Helados gratis para estudiantes, italinglis básico,sevillanas entre vagones y una ronda de cerveza en Eurostar.
Sábado noche donde empezaba a importar la kifi. Salimos de los suburbios, dejando a los egipcios con sus quehaceres, para conocer a la mafia de Milán.
Gratis muerto, Nino paga, carné JM no sirve, por 20 euros y un par de cabezas yuca,Milano es nuestro.
2 a.m. semáforos en ámbar, gana el más fuerte.
La legalidad parece huir de nosotros.
Hollywood, diseñadores, escasez de ropa y los buscados cañones de Armani.
Carné JM, algo de cara dura, cuello en alto y se convierte en protagonista de la noche.
Más risas.
Una llamada al mafioso, y de vuelta a Lambrate, donde la Play Station parece ser más atractiva que la excitante noche italiana.
Paninis con cipolla, sustituidos por víveres de Mercadona.
Un nuevo día. Esta vez es Venecia el destino.
Un viaje en el tiempo, una ciudad en el agua y más magdalenas.
Mágico paseo en Vaporetto, precedido por un calcetín Mike atado a una mochila.
Mr. sit down, Coriolis en los canales y la belleza insuperable de la ciudad de las góndolas.
Con más palomas que duchas, San Marco se convierte en objetivo de las Olympus. Una logia, una nueva pérdida, un gorro rojo y un sombrero de Dumbledore.
Puente, plaza, pozo y callejuelas. Repeat.
Una barca abandonada, una torre torcida,un calcetín de mujer, un cuchillo robado y una comida bajo la atenta mirada de los leones.
Puente Veccio, agujero negro de nuestras fuerzas, soporífero ambiente que nos conduce pesadamente a la ferrovia.
Máscaras, confetti, músicos cafeinómanos y un improvisado coche invisible.
Vuelta a Treviglio en primera clase. ¿Treviglio?¿No íbamos a Milán?
Siempre al límite.
Última noche en Italia. Cena de lujo en compañía napolitana(sin canela), afeitado sin espuma, copas de agua autorrellenables y calendarios de Toto. Sentidos embriagados por la tentadora comida caliente.
Un tranvía en forma de porro, un domingo que pudo ser martes, un botellón de zumo en la 208 italiana, y el hoyo.
Última tanda de bombones encima de la cama doble, despertadores ignorados y de nuevo la inmerecida suerte que nos acompañaba.
Fotos con lo inimaginable en el aeropuerto de Malpensa, un segundo control de billetes y una carrera hacia el avión.
Un rasca que se lleva nuestra suerte, 2 paquetes de fiambre maloliente y unos bocadillos de galletas con paté.
"Agua y lo que quieran mis amigos, por favor"
Llegada a la capital, fin del acento italiano, y fin de la gratuidad de los transportes.
Una merienda en La Galería y una bifurcación.
Se acaba el mejor viaje de la historia.
Pero no será el último...
¡Gracias a los 5!